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Mujeres reincidentes en intentos de suicidio, violencia doméstica, alcoholismo, adicciones, prostitución y abuso de menores. En la mayoría de los casos son mujeres desocupadas con una carga familiar numerosa. Buscan insertarse en la sociedad, a través de un trabajo genuino. Lograron trabajar en un taller de contención social como costureras que hoy está cerrado. Estas madres buscan trabajo y que sus maridos no abusen más de ellas. Piden a los funcionarios de la provincia que las ayuden: “No queremos dadivas ni planes sociales, nuestros hijos se merecen un futuro distinto. Nuestra vida no fue precisamente la mejor, pero ahora queremos cambiarla y tenemos la posibilidad de hacerlo, no nos abandonen”.

La historia de Laura, Sabrina y Carmen es la de muchas otras mujeres víctimas de la violencia familiar. Laura, Sabrina y Carmen no son sus verdaderos nombres. La violencia que durante mucho tiempo marcó sus vidas es la misma que las obliga a permanecer en el anonimato, pero están seguras de que sus historias de vidas pueden ayudar a que no se repitan, mientras tanto le piden una oportunidad al gobierno para no volver a caer, por sus hijos y por ellas mismas.
Laura, tiene 31 años, cinco hijos, 13 años de matrimonio, un marido violento y alcohólico en recuperación y seis intentos de suicidio en su haber. Con un diagnóstico de depresión desde los 17 años, lucha por encontrar la tranquilidad que nunca tuvo y por hacer de sus hijos personas de bien.
Sabrina, 26 años, embarazada de 7 meses, tres hijos más, y un sin número de problemas familiares que incluyeron abandono, amenazas y violencia, se prepara para dar a luz a su bebe y espera que el Estado se acuerde de las mujeres que padecen y padecieron toda clase de maltrato, entre tanto sueña con terminar sus estudios universitarios.
Carmen, se dedicó a la prostitución, con un diagnóstico de psicosis múltiple su marido quedó a cargo de sus hijos, con la tristeza de haber perdido a sus hijos se sucedieron uno tras otros los intentos de suicidio, para todos está loca, y sin embargo, consciente de que pelear por sus hijos frente a la justicia sin un techo, y mucho menos un trabajo digno, es cada día más difícil, no pierde las esperanzas. Informes psicológicos negativos y la historia de una buena madre que lucha para no dormir a la intemperie con sus hijos.
A Laura, Sabrina y Carmen además de la violencia familiar que les tocó vivir, las une un lugar donde además de capacitarse, reciben contención y apoyo psicológico, el “TALLER DE CONTENCIÓN SOCIAL”.
El taller fue el refugio donde se las cobijó para huir de los golpes, al mismo tiempo que se les enseñaba a valerse por sí mismas, sin embargo, el taller cerró y con él las esperanzas de continuar un proceso de recuperación que es permanente por la gravedad de cada uno de los casos.
El “TALLER DE CONTENCIÓN SOCIAL” se formó aproximadamente hace tres años, de forma anónima y sin asistencia del Estado, con el fin de dar solución a la problemática social que padecían y aun padecen muchas mujeres de nuestra comunidad: contener personas reincidentes en intentos de suicidio, violencia doméstica, alcoholismo, adicciones, prostitución, abuso de menores, en la mayoría de los casos mujeres desocupadas con una carga familiar numerosa.
Comenzó como grupo de terapia a través del Servicio de Salud Mental del Hospital Eleazar Herrera Motta, reuniéndolas en casas de familia, con la única necesidad de realizar tareas que las contengan y capaciten para poder así tener una salida laboral. Así nace el “Taller de Contención Social” en el centro de la ciudad, donde son capacitadas en costuras, tejidos, y pinturas sobre telas, de acuerdo a sus capacidades.
El taller contuvo a diez familias y trabajaron diez mujeres en distintas actividades y horarios.
Hasta que lamentablemente el taller cerró, el dueño donde funcionaba la capacitación pidió las instalaciones para remodelar. Considerando que las mujeres están capacitadas en costura y contenidas socialmente por un grupo de profesionales del departamento, es de suma necesidad un nuevo local y herramientas de trabajo, ya que las máquinas con las que se capacitaron son prestadas, en total cuatro y no están en buen estado, sin embargo, después de tres años de arduo aprendizaje en el taller, están en condiciones de realizar el proceso productivo desde el corte a la terminación de la prenda, (guardapolvos, joggings, ropa de trabajo, etc.)
“Señores funcionarios las mujeres, madres del taller le pedimos al Estado que arbitre los medios necesarios para la compra de nuevas máquinas y materia prima para que este taller siga funcionando, ya que el mayor interés de este grupo de trabajo, más allá de la salida laboral es la recuperación e inserción social, no queremos dádivas ni planes sociales, nuestros hijos se merecen un futuro mejor. Nuestra vida no fue precisamente la mejor, pero ahora queremos cambiarla y tenemos la posibilidad de hacerlo, no nos abandonen”.
¿Los de afuera son de palos?
Las Leyes del Manú, texto sánscrito de la ley hindú y de la sociedad antigua de la India, sostenían que: "Durante la infancia una hembra debe de ser sometida a su padre, en la juventud a su marido y cuando su señor ha muerto, a los hijos; una mujer no debe de ser nunca independiente". Y aunque mucha agua corrió en los ríos del tiempo, todavía hay sociedades que siguen promoviendo, bajo ciertas conductas esta visión anacrónica del rol de la mujer en la sociedad: madre, hija, mujer, todas ellas merecen el mismo respeto y sin embargo… cuando la mujer maltratada cuenta a alguien lo que le pasa o pide ayuda, muchas veces es discriminada, porque hace público algo que muchos consideran privado. Por supuesto, reducir la violencia contra la mujer al ámbito privado impide que la sociedad se haga cargo del problema, pero terminar con esta violencia es responsabilidad de todos.
La pregunta es: ¿Cómo hace una mujer para salir del circulo violento cuando tiene que darle de comer a sus hijos, por supuesto no puede salir a trabajar porque no tiene quién se los cuide, por supuesto no puede dejar a su marido, esposo o pareja porque es el único sostén de familia?.
La respuesta, son cada una de las historias que se describen a continuación, relatadas por cada una de estas mujeres que se animaron a contar el calvario que les produjo tanto silencio.
Por mis hijos… trátame bien
Laura, de 31 años mira impaciente hacia la puerta de entrada y recuerda que su marido llega recién a las 11 de la noche, son las nueve… y tiene sólo dos horas para contarnos su "calvario" desde el día que se casó, “a él no le va a gustar que les cuente las veces que me pegó”, nos dice mientras observa a sus hijos que juegan alrededor de ella. “Mi marido es alcohólico, tengo cinco hijos hace 13 años que estoy casada, me casé en Buenos Aires, y hace 11 años que vivo en Chilecito. Cuando me casé yo no me di cuenta que él era alcohólico, la violencia empezó como a los tres meses de casados, es muy celoso, por cualquier cosa me armaba un conflicto. Hasta el día de hoy sigo teniendo problemas”.
“El me pegaba y mucho. Yo le tenía mucho miedo entonces no me podía defender, me di cuenta que yo le pegaba una y él me pegaba dos. No me convenía. Recuerdo un día domingo que estábamos comiendo un asado en la casa del hermano de él, mi esposo me pegó una piña pero ya veníamos todos los días con problemas, yo me mandé a mudar, le dejé a los niños, fui al saloncito de 3x6 metros que alquilábamos en barrio Mayo por 180 pesos a buscar una plata que yo tenía porque cobraba el plan jefe, y fui a comprar veneno, me senté en un descampado como a las cinco de la tarde, no había nadie y me tomé todo el veneno con una gaseosa. Pensé en mis hijos, pero creía que lo mejor para ellos era que yo no estuviera en este mundo, creía que el problema era yo, como a las nueve de la noche fui a una cabina de teléfono a llamarla a mi mamá que estaba en Buenos Aires, y le hice jurar que no le dejaría mis hijos a ese hijo de puta, quería que mi mamá se hiciera cargo de mis tres hijos.
No podía parar de llorar, se ve que el mismo veneno me había afectado los nervios, tenía mucha angustia, ´mamita prométeme que no los vas a dejar a mis hijos´, le decía a mi madre que trataba de calmarme. Lo único que quería es que él me pagara todo el sufrimiento aunque sea yo muriéndome me las iba a pagar, algo tenía que pasar. Yo tengo problema de depresión desde los 16 años, mi madre sabía lo que podía llegar a hacer, me prometió que se iba a hacer cargo de mis hijos y se quedó muy preocupada. Después de llamar a mi mama me fui a la placita que está enfrente de la ESSO y me acosté a dormir, me desperté como a las dos de la mañana.
Tomé veneno para ratas, no recuerdo si eran cinco o seis sobres. Me desperté con mucho ardor en la cara y mucha picazón, fui al hospital, estaba de guardia la doctora Sáenz y me preguntaba que me pasaba porque tenía la presión muy baja, me preguntó si me drogaba, si tomaba alcohol, yo lo negaba pero como a las tres veces me quebré y le conté lo que había hecho, me llevaron a terapia me pusieron una zonda para lavaje pero ya tenía lastimado el estomago, mi corazón estaba bien y me salvé. Al otro día me visitó la Dra. Gladis Canesini, la psicóloga del Hospital, me preguntaba dónde vivía mi marido pero yo no le decía nada porque no lo quería ni ver, era muchísimo el odio que le tenía a mi marido. Yo había hecho muchas denuncias de violencia, él es muy alterado y no se le puede decir nada, solo que ahora se controla un poco, porque hace dos años que no toma”.
“Después de eso, empecé un tratamiento con Canesini. Miriam Chaves, directora de Familia y Minoridad ya me conocía, yo ya había estado en el hogar de tránsito cuando viví en la puntilla. La diferencia fue que al iniciar el tratamiento psicológico yo iba cambiando, iba agarrando más fuerza, con Gladis conocí la existencia del costurero (TALLER DE CONTENCIÓN SOCIAL), donde cumplía por el plan jefe, cuando estaba en el costurero podía pensar con calma lo que yo hacía y lo que quería hacer, me fui fortaleciendo. Tuve más de dos años de tratamiento psicológico, soy muy responsable con el trabajo, era la primera que estaba en el costurero. Amaba las máquinas y aunque iba al taller con los chicos, el problema en mi casa seguía estando, después de ahí nos mudamos al Barrio Independencia”.
“El costurero me quedaba a tres cuadras en el voluntariado, cada vez estaba más consciente de lo que estaba pasando a mí alrededor que era todo un círculo vicioso, que estaba enfermando todo. Siempre recuerdo cuando la psicóloga me hizo hacer un trabajo y me preguntaba qué animales quería ser yo, le dije que me gustaba la paloma y el león quería ser libre para hacer lo que me pareciera y quería defenderme al mismo tiempo, quería trabajar”.
“Mi marido como padre es muy bueno, pero el trato conmigo sigue siendo el mismo, ya no me atacan las depresiones pero tengo ganas de dormir todo el día, sigo teniendo peleas y mis hijos ya no tienen por qué estar viendo esas cosas, situaciones feas, el sabe que nunca me voy a animar a dejarlo, mis hijos lo adoran, nosotros estamos casados pero la casa está a nombre mía por una denuncia judicial. Mil veces he tenido custodia policial, y siempre vuelve, ahora lo veo más difícil porque todo el mundo lo ve que trabaja, se porta bien, que es simpático pero conmigo no es así, eso es lo que la gente no entiende, que en la calle pueda ser un señor, pero en mi casa, conmigo… es muy distinto.
Él también tuvo un intento de suicidio estuvo en coma cuatro días, lo dieron por muerto. Las hermanas me querían quitar los niños porque cuando pasó esto yo hacía un año que estaba separada y tenía otra pareja. Con esta nueva pareja, era lo mismo yo tenía que salir a trabajar todo el día, mis hijos estaban solos, todo el día estaban sucios. Mi nueva pareja también era alcohólico, llego un momento que mi marido no me pagaba pero si me insultaba. Pero cuando lo hacía yo lo agarraba del cuello, lo ponía contra la pared y lo quería matar. Mis hijos gritándome que lo soltara, sus hijos lo aman, a ellos él no los maltrata… los cría. Se aferró a los hijos pero la pareja ya no existe”.
“Al otro muchacho lo dejé porque no servía para formar una familia, cuando estuve con él empecé a tomar, a salir a hacer cosas que nunca había hecho antes, qué ejemplo era para mis hijos. Dejar a mis hijos solos cuando con ellos dormí en la calle para no separarlos de mi lado. Ahora lo pienso en frio y me desconozco, me he mandado muchas macanas, también he aguantado muchas otras”.
“A veces la policía no te quiere tomar la denuncia, pero yo aprendí que tengo un derecho, con moretones iba a hacer las denuncias y me tenían a las vueltas. En una oportunidad los niños se me durmieron en el piso porque eran las tres de la mañana y yo esperando que me tomen la denuncia, tuve que volver a mi casa y mi marido había roto la puerta y los vidrios, en ese momento ya no estábamos juntos, sin embargo, él se me metió por la ventana, como yo no quería que entrara me rompió una máquina de cocer que me habían prestado y encima me había sacado la cartera y me amenazaba con llevarse los documentos de mis hijos”.
“El costurero me dio una herramienta de trabajo, cuando me fui por un tiempo a Buenos Aires trabajé de overlokista, que son de las mejores pagas, una máquina de cinco hilos no la maneja cualquiera. Lo bueno del costurero era que podíamos llevar nuestros hijos al taller. Estamos cansadas de que nos usen, no hay planes de 250 pesos, cuando vamos a pedir ayudas económicas para poder darles de comer a nuestros hijos o pagar una boleta de luz porque hace días que nuestros hijos están a oscuras, los políticos te hacen firmar las ayudas en blanco o no te dan nada. Cualquier ayuda económica que te dan… no te ponen el monto. En ningún lado dice lo que te entregan, te hacen que lo firmes en blanco. Con mi bebé a salir a trabajar no puedo por más que quiera”.
“Me faltan dos hijos para la pensión por madres de familia numerosa, el día de mañana no voy a tener jubilación, con la edad que tengo nunca aporté, no sé cómo voy a mantenerlos, me ha pasado ver a mi abuela no tener qué comer, no quiero que me pasen estas cosas, he visto muchas cosas dolorosas. La pensión es de por vida, como yo hay muchas mujeres que piensan lo mismo. Hay muchas mujeres que pasan por lo mismo que yo, yo hice muchas cosas para darles de comer a mis hijos, vendía pastafrola, mandarinas en frente de la Petrobras. Quiero que mis hijos sean felices por eso pido que nos ayuden, no es mucho lo que pedimos, solo herramientas de trabajo. En el costurero, aprendí lo que era la solidaridad de compartir los problemas, me considero una persona que no me ahogo en un vaso de agua. Antes me caía y tenía mucho miedo de no levantarme, ahora sé qué es lo que quiero”.
Curando heridas
Sabrina, tiene 26 años y está embarazada de 7 meses, mientras nos dice que siente que esta vez será una nena, nos explica cuál fue su experiencia por el paso del Taller. “Aprendí a cocer, a fabricar ropa, una vez no tenía para cocinar nada y llegó una chica para que le pusieran un cierre a una mochila me pagó seis pesos y con eso les hice de comer a mis hijos. No solo reciclábamos sino también fabricábamos ropa. Hicimos varios vestidos para recepciones, para mi hija le hice el vestido de bautismo. Empezamos en una casa de familia, después conseguimos un garaje en el Barrio Independencia, estuvimos allí dos años, un año capacitándonos, hicimos acolchados con ropa usada, las camperas del 107 del hospital, prendas para el Concejo Deliberante y ropa de trabajo. Pero lo malo es que nos usaron políticamente, una funcionaria aprovechó que nos daba trabajo y un día que no estábamos en el taller aprovechó para filmarlo con gente de ella en las máquinas. En el taller justificábamos las horas de los planes, más allá que te den un mano, no puede ser que te usen”.
“Llegué al taller por Miriam Chaves, después que me dejó el padre de mi hijo, estaba muy mal. De un día para el otro él me dijo que no me quería más y se fue con otra mujer, yo estaba embarazada de siete meses, nos estábamos por casar pero como yo era menor de edad, tenía 20 años, le dije que esperáramos hasta que cumpliera los 21, pero antes que naciera mi bebe me dejó. Tenía amenaza de pérdida, de parto prematuro, mi hijo es ochomesino, el sabía que estaba internada y no le interesó, no le dio el apellido ni la mantención, primero lo peleaba, iba al juez siempre, después entendí que no valía la pena. Después de la separación mis padres decían que yo era rebelde, que era una forma de traicionarlos a ellos, tuve muchas pelas con mi hermana, no soy una persona que reacciona mal, al contrario soy tranquila.
Mi hermana quería que mis padres me corrieran de mi casa. Hasta el día de hoy no la entiendo, cuando me separé estaba alquilando y me robaron, mi papá me pidió que me volviera a mi casa con mis dos hijos. El papá de mi hija me golpeó cuando estaba embarazada, nos arreglamos como padres pero no como pareja, él creía que por el hecho de tener una hija tenía derecho a mandarme.
Después de dos años lo volví a ver, me dijo que quería hacerse cargo de mi hija, pero no pasó nada. Ella tiene formada la imagen de familia que son sus padrinos”.
“Antes trabajaba todos el día en los ranchos, buscar alguien que me mantenga no es algo que haya estado en mí, yo tengo brazos, fuerza para trabajar, soy muy independiente y tener a alguien que me mantenga sería someterme a otra persona. Ahora estoy en pareja, estamos re bien, y voy a tener un hijo de él, acepta a mis hijos, los quiere, me encantaría terminar de estudiar comunicación social, no quiero ser una persona ignorante. Dentro de lo económico soy independiente, todo los que tengo lo conseguí por mis medios, pero me gustaría tener algo mejor… más seguro para mis hijos, para que tengan un buen futuro, mi hijo mayor quiere ser profesor de educación física”.
“Mi pareja ahora no quiere que trabaje, está muy contento con este hijo, fuimos a ver la cuna y el cochecito, no estoy acostumbrada a esta situación, me hace sentir rara, siempre está atento a qué necesitamos. A mis padres los veo una o dos veces por semana. Cuando me separé y discutí con mi hermana, me fui a la calle con mis hijos para no estar en la casa de mis padres, me sentía sola, mi cuñado me amenazó que me iba a pegar. Todo lo que tuve, lo tuve que pelear, desde los doce años que trabajo”.
“Con las chicas del taller nos conocemos, nos contenemos porque conocemos cuáles son los problemas que tiene cada una. Nosotras estamos para escribir un libro. Al gobernador le pedimos que nos de más apoyo para que podamos salir adelante, ahora se me cayó el plan y solamente recibo un depósito para unos de mis hijos”.
Sin sus hijos
Carmen, es oriunda de Famatina y un diagnóstico de la psicóloga que la atendió le declaró psicosis múltiple, razón por la cual el marido se quedó con la tenencia de sus seis hijos, sus varios intentos de suicidio, su trabajo como prostituta, su carencia de un hogar y un trabajo digno para mantenerlos y volver a tenerlos a su lado se diluyen con cada lavaje de estomago que le realizan en el hospital Eleazar Herrera Motta, como consecuencia de la cantidad de pastillas que injiere por la depresión en la que está sumida. Carmen no está loca, está triste porque perdió a sus hijos, su paso por el taller sirvió para que los profesionales supieran de su caso y la contengan en cada recaída.
Al que le quepa el saco que se lo ponga
El “TALLER DE CONTENCIÓN SOCIAL”, actuó durante tres años de contención y rehabilitación a través de la enseñanza de un oficio, habilitando a las personas a valerse por sí mismas, complementando la terapéutica realizada desde el servicio de salud Mental. Realizó integración grupal en problemáticas relaciones y abrió un camino para impulsar nuevos emprendimientos con el fin de recuperar la valoración personal de cada una de estas mujeres y su inserción social-comunitaria.
El “TALLER DE CONTENCIÓN SOCIAL”, cerró sus puertas después de tres años de prestar generosamente sus máquinas y capacitar a diez mujeres en situación de riesgo. Ahora están listas para iniciar su propio camino y buscarse su propia mantención, están capacitadas y contenidas. Necesitan que les tiendan una mano para que ellas continúen superándose día a día junto con sus hijos y sacarlos definitivamente de la violencia intrafamiliar. Necesitan herramientas de trabajo, que para cualquier funcionario provincial significaría la inspección técnica y el mantenimiento de sus 4x4, nueve mil pesos para dos máquinas industriales y 15 mil pesos para la compra de telas.
Ellas siguen adelante con sus sueños, aunque no faltó un funcionario que se negara a comprarles la confección de guardapolvos, argumentando que siete pesos por la mano de obra de cada uno le parecía muy caro, porque en Córdoba le salía mucho más barato, sin tener en cuenta que dejaba a diez familias sin la posibilidad de mantener a sus hijos. ¿Y la tan mentada generación de mano de obra local?, ¿otra mentira para beneficiar a los amigos del poder?.
Señores, no se olviden que manejan los fondos del pueblo y el pueblo está cansado de planes sociales que son pan para hoy y hambre para mañana, démosle la oportunidad a estas mujeres de sacar a sus hijos de la violencia de años, para que tengan la posibilidad de cambiar sus historias de vida. Es un deber del Estado contenerlas para evitar en el futuro, males mayores. Pero contención a través de trabajo genuino, que al estado lo costará muy barato, ya que sólo necesitan unas máquinas de coser.
Basta de planes sociales, esta es una oportunidad de generar trabajo genuino y perdurable. Mientras tanto… Laura, Sabrina, Carmen y otras tantas mujeres como ellas, esperan esa mano que las ayude, ya que tienen la voluntad de superarse y dejar atrás un pasado de golpes y humillaciones.
