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Las vivencias de nuestra niñez marcan a fuego nuestro presente y son determinantes de nuestro futuro.

La Barra Central y el Festival de la Navidad en los Cerros

A pocos días de la conmemoración del nacimiento de Jesús de Nazareth, comparto con Uds. algunas vivencias que llevo arraigadas en el corazón desde la niñez ya que, como dice Ramón Navarro, riojano, autor, músico e intérprete, en su tema "Mi pueblo azul", "es imposible alejar el alma de la mágica región donde aprendimos a querer la vida, donde vivió nuestra infancia". Deseo para todos ustedes y sus res-pectivas familias que esta Navidad disfruten de la comunión familiar y que en los nuevos días del 2009 no estén ausentes ni el trabajo, ni el amor, ni el goce de buena salud. Ni las ilusiones de concretar nues-tros sueños. Con todo afecto. Quecho

En la habitación principal de las casas de la región irrigada por las aguas del cerro Famatina, se “viste” el pórtico regional o pesebre. El Famatina provee de agua pura al valle del río Bermejo, al valle Famati-na_Antinaco hasta el inicio de las sierras cordobesas, a la costa del Velasco y al dique que suministra el agua potable a los habitantes de la ciudad capital de La Rioja. Y si, tiene nada menos que 200 Km de longitud Norte-Sur, un ancho en la base Este-Oeste de 30 Km, una profundidad de subsuelo de 10 Km y una altura de 7 Km. Desde Chilecito, cuando se deja ver totalmente, en los días diáfanos, se muestra bello, majestuoso, con la blancura de sus nieves desparramadas desde su pico más alto por sus “aspe-ras pendientes”, sus “abruptas serranías” 1, como un gigante que nos dice: “He de volver sobre la tierra insomne”. Desde Villa Castelli, más cercano, parece un león africano expectante con exóticas crines blancas en su cabeza. El Famatina de nieves eternas, el Famatina de bellezas impactantes. “Cuentan los viejos de cuanta/ que el Famatina está vivo. / Late, siente, se estremece/ y en su profundo letargo/ pide a los nexos del tiempo/ en la memoria de aquellos/ que supieron del hechizo/ muevan la lengua, los bra-zos/ que el Famatina dormido/ teme... va a ser torturado”2; el Famatina que no será agredido por la más mínima explosión, el Famatina que no será contaminado ni por una molécula de cianuro, el Famatina que no se toca porque es nuestra vida
El pesebre copia las estribaciones montañosas del Famatina, hechas con bolsas de arpillera, polvo de ladrillo, ramas de árboles, cactus, chaguares, mica y pencas de los cerros. En una quebrada, acomoda-dos armónicamente alrededor del Niñito Jesús que acaba de nacer, la Virgen María, San José, los Reyes Magos, los pastores, la Vaca, el Burro, la Oveja y otros animalitos. Agüita que cae por las pendientes. Y un laguito iluminado por las estrellitas que brillan en los altos picos blanqueados. Las familias que visten su pesebre también juntan vainas de algarrobo maduras que molidas son un suave polvo al que se le agrega agua para obtener la aloja que, fermentada, se convertirá en añapa. Bien fresquita, es una bebi-da exquisita,
Y este es el inmenso escenario en el que “las pacotas” o barras - un grupo de hombres y mujeres de todas las edades – salen los días 25, 26 y 27 de Diciembre a cantar villancicos en los pesebres, con guitarras, violines, bombos, acordeones, flautas, cajas, quenas...
Recuerdo que cuando hacía Práctica de la Enseñanza, me tocó dar en Primer Grado “La Pirámide de Mayo”. Ahí me enteré que en todas las plazas de nuestro país hay una réplica de este monumento. Le propuse a la maestra, Srta. Ruca Larrosa, llevar los chicos a la Plaza Sarmiento y dar la clase allí. Acep-tó e hizo las gestiones necesarias para ello. Allí nos juntamos para la Navidad con Antonio Chied con su acordeón a piano, su changuito Enrique con el violín, Nicolás Suarez Gordillo con su guitarra y su voz sonora y grave, Vicky Nader con su tecnológica melódica Honner, Yeny Abilar con su flauta traversa que alternaba con la guitarra y la quena y tantos otros con bombos, cajas y otros instrumentos de percusión. El Chichí Alcaráz y el Focho Ocampo sumaban sus voces bien afinadas y los punteos en la guitarra. Ese era el corazón de “La Barra Central”. Caminábamos hasta la esquina del Banco Nación, por la Joaquín V. González hasta el Correo y, hacia el Norte, por la Pelagio B. Luna, en lo de Silva comenzaba nuestra actuación largamente ensayada bajo el parrón de mi casa. Nicolás recitaba dos estrofas del poeta Ocampo: “En la vida propia / ya no hay tradición/ si no es la que manda/ nuestro Padre Dios”. “Desciende a nosotros/ con su plena luz / la Voz del gran Hijo / el Niño Jesús”. A continuación, Antonito majestuosa-mente hacía vibrar el “Cristianos Venid” y, después de una estudiada pausa, arrancábamos todos en Do Mayor, con buen y alegre ritmo, con el “Gloria eterna al Pa-a-a-a-dre” para inmediatamente seguir con los villancicos. Seguíamos después por lo de las familias Barrionuevo, Vergara, Osán y hacia el Oeste por la calle La Plata, Don Cosme, Nene Neyra, Silvio Rentería, la Niña Lisinia Díaz y Doña Teresa Baca Cau. Don Arias, concesionario del Hotel de Turismo también vestía su pesebre. Más arriba las familias del Patón Romero, de Don Valerio, de Don Lázaro Andrada, de Don Ruarte, de Don Cornejo, de Don Sosa, de las niñas Agabio. “La Caroyense”, hoy “La Riojana”, hacía lo suyo, El Rubio Torres, la Panchita Martínez, la capilla del Escuadrón 24 de la Gendarmería, los Godoy, la tía Marquesa y el siempre muy bien vestido pesebre de los Asís, donde nunca faltaba una aloja bien fresquita. Terminaba el recorrido del barrio “El Parque” en el pesebre de Doña Desideria quien nos agasajaba amorosamente. Antonito (Chied), el creador, alma y motor del prestigioso “Te Literario” de hoy en Chilecito, gustaba regalarle unos cuantos valsecitos criollos y tangos con su acordeón. Recuerdo como si fuera hoy la interpretación hecha allí por el Ike Vichi y un compañero suyo del Banco Rioja con un lápiz entre los labios y dientes pulsado con los dedos: tocaron “Mi Tierra” de Carlos Larrosa y “Only You”, versión de Los Plateros. Con la boca abierta, abría yo los ojos como dos de oro y me tomé varias añapas. Las noches siguientes visi-tábamos los pesebres de los otros barrios y de los distritos. Cuando se inauguró el Templo del Niño fui-mos a cantarle al pesebre “vestido” con las delicadas y perfectas esculturas de Doña Nocenta Pisseta. Esa noche, hasta nos acompañó la Pelada (bueno, la Mariana) Nader con su mamá y sus amigas.
La Navidad en los Cerros y Panchito Ormeño
En 1974, los Concejales de Chilecito, entre ellos Bordoncito, uno de los primeros presos políticos de la dictadura militar junto al Piojo Ocampo y tantos otros, crearon El Festival de la Navidad en los Cerros. Se realizaba, como culminación de las visitas a los pesebres, el 28, 29 y 30 de Diciembre en el Cerro Portezuelo. La entrada era libre y gratuita. Los asistentes podían llevar sus comidas y bebidas a gusto y placer. Era una fiesta popular, un encuentro de la gran familia chileciteña cuya convocatoria se extendía a toda la provincia.
El sonido lo aportada una empresa cordobesa que trajo la novedad de la reverberación y el eco. Cuando el Focho Ocampo y mis hermanos del alma que me acompañan desde el cielo, el Feca Herrera y el changuito Nieto, decían al inicio del espectáculo, “Buenas Noches Chilecito”, el Portezuelo y la tecnolo-gía respondían vibrantemente: “ito”, “ito”, “ito”, “ito”.
Panchito el “Payo” (por su pelo blanco) Ormeño, nació en Pagancillo y murió en Chilecito muy joven. Fue un excelente creador e intérprete de las alegrías de la vida y de canciones folklóricas. Cuando me veía, enseguida me decía: “Quechito, tómese un vino”. Su pueblo, en el que yo comencé mi carrera co-mo Maestro Suplente de Grado y cuya iglesia ayudé a construir – el arco de medio punto de la primer ventana entrando a la derecha, lo hice yo - bajo la dirección de Don Pancho Alarcón, los Ormeño y los Narváez, lo recuerda con un monumento a su entrada. Actuaba Panchito una noche en el Festival. Se mostró asombrado del sonido. Cantó varias canciones, contó algunos cuentos que elevaron el clima festivo y después dijo: “E, che, faltó que se “traigan” la vaca y la bodega. La estamos pasando lindo. Y sí. Es que es una linda noche y tenemos un lindo sonido”. Y remarcando las palabras, separando muy bien las sílabas, despacio, concluyó: “Es un hermoso espectá...culo”. El Portezuelo y la tecnología respondie-ron vibrantemente: “culo”, “culo”, “culo”, “culo”. Y en medio de la alegría generalizada, dejó el escenario para “chupar” y comer con nosotros.
“Ojalá”, decía mi abuela Vicenta Durán Martínez con sus ojos verdes iluminados por la esperanza cuan-do deseaba algo. Ojalá diré yo también, como una petición esperanzada.
● Ojalá que nuestros jóvenes de toda la región irrigada por el Famatina organicen sus “pacotas” y sal-gan a cantarle al Niñito Jesús que vino al mundo a traer un mensaje nuevo, el del AMOR. Porque el AMOR implica LIBERTAD, ya que todos fuimos creados a imagen y semejanza de Dios; implica IGUAL-DAD, ya que todos tenemos la capacidad de razonar; e implica FRATERNIDAD, porque todos somos hijos del mismo Padre.
● Ojalá que el Festival de la Navidad en los Cerros vuelva a ser la Fiesta Popular creada por los Conce-jales de Chilecito en 1974 y que se realice en el Cerro Portezuelo. El Cristo Blanco hermoso que hoy lo embellece todo, con sus brazos abiertos, parece pedirlo.

1: Verso del poema “Bohemia” de Alberto G. Ocampo
2: Estrofa del poema “EL Famatina dormido” de María del Carmen Perrini de Herrera.

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Jesús Matías Filomeno Ocampo.
50 Nº 2992 (154 bis y 155) (1900) La Plata. Buenos Aires
Móvil: +5492216409543
Correo Electrónico: jmfocampo@ciudad.com.ar
Desde La Plata, en Diciembre de 2.008


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  • Publicado por Jesús Matías F. Ocampo (Lector colaborador) el Lunes 22 de Diciembre de 2008 a las 18:23 Hs.
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