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| Municipales que continúan con el paro, poca plata para gobernar y municipios paralelos |
| A Lázaro le llegó el agua al cuello |
| En Chilecito, Lázaro Fonzalida y su equipo de gabinete, se enfrentan con los problemas que quizás en otras gestiones y en su imponente campaña electoral, no se imaginó. Casi cuatro meses lleva el paro de los empleados municipales, que sin desconocer que defienden una causa justa, esto no quita que el municipio está paralizado en materia de servicios públicos y que son algunos empleados contratados o becados los que realizan el trabajo de la mayoría de los trabajadores estatales. En la municipalidad, no hay plata y a Lázaro el agua le llegó al cuello. |
Mientras el Gobernador avizora un interesante futuro productivo en el sur de la provincia, específicamente en el Departamento San Martín, donde por sus posibilidades de “suelo, agua y un clima excepcional”, se puede producir soja, poroto, maní, maíz, sorgo, “que son los granos y fibras que más se necesitan y son requeridos por los mercados”, el interior de La Rioja sufre las consecuencias de una deficiente distribución monetaria.
En Chilecito: la recategorización de los empleados municipales que continúan con las huelgas, la delincuencia juvenil que hurta y roba deliberadamente en nuestra ciudad, la limpieza y erradicación de los microbasurales (entre otros demasiados problemas), no son los únicos conflictos a solucionar, porque ahora llegó el momento de cumplir con las promesas que, con deseos de ganar a los candidatos opositores, se hizo sin cautela. “Se tratará de cumplir con todo lo prometido en la campaña electoral”, fueron las palabras de un candidato político, reiteradas veces, dueño del poder municipal y conocedor del aspecto financiero de la provincia.
Si la situación municipal-social continúa, los conflictos económicos terminarán superando a sus autores. Si las versiones sobre el envío de capital a la provincia y la mala, o no distribución al interior, son veraces las huelgas y los reclamos continuarán su curso, hasta tanto no se racionalice cabalmente o se adjudiquen los bienes a la población toda. “Al gobierno provincial no le alcanza lo que recibe de la nación y al departamento no le alcanza lo que recibe de la provincia”, sostuvo el Secretario de Hacienda y Obras Públicas, Pablo Fernández Pugliese quien junto a las demás autoridades municipales, parece que esperan sentados “algunas monedas” desde La Nación.
Este año, el municipio deberá recibir 10 millones aparte de los fondos habituales. Sin embargo, la comuna deberá tomar medidas extremas para poder darle solución a la comunidad que reclama contención laboral. Racionalizar lo poco, para beneficiarse muchos, debería ser el lema de las autoridades que conducen el destino del pueblo.
Promesas, promesas… y más promesas
Si una “Promesa", es un contrato donde las partes, se obligan al cumplimiento de una condición, ¿por qué Chilecito continúa siendo la cuna de las falencias? ¿Por qué se asume un compromiso y posteriormente, no se lo cumple?
En el marco de las constantes promesas políticas, que dejan un cúmulo de deudas que en algún momento, habrían de ser blanqueadas, un grupo de familias del sector de los 300 lotes (en su mayoría mujeres), que apostaron su futuro económico a una gestión histórica y creyeron en ese “contrato”, actualmente exigen el otorgamiento de becas laborales, que gentilmente Fonzalida les prometió en la gloriosa campaña del 2007.
Sin embargo, este grupo de 25 personas que debieran estar trabajando en la comuna chileciteña, con su respectiva beca laboral de 400 pesos, tendrán que conformarse con la mitad de lo convenido, es decir una ayuda económica de 200 pesos.
Pero la cuestión del incumplimiento con el monto especificado, es sólo la punta del iceberg, porque lo que demanda el pueblo es trabajo y no subsidios, que en algún momento al asumir otras autoridades, se disolverán en el tiempo.
“Queremos trabajar. Aspiramos a trabajar y ganarnos el dinero con trabajo”, exigen las 25 familias que además de profesar una ideología política, a merced de réditos económicos y “herramientas y que se prometieron para que el "Grupo de Tareas Comunitarias de los 300 lotes" desempeñe las tareas en el área de servicios públicos”. Anhelan creer en el acatamiento de las proposiciones y ofertas políticas realizadas, pero principalmente en la palabra de quien las emite.
En ese vaivén de denuncias y reclamos, se encuentran los trabajadores de algunas dependencias (terminal de ómnibus), que se desempañan laboralmente mediante un contrato de dudosa legalidad, siendo sometidos a precarias condiciones de trabajo, en nombre de la necesidad.
Años atrás, las transacciones se llevaban a cabo, sólo con el compromiso verbal de “pagarlas”, pero hoy en día parece ser que ese “mensaje”, debe ser firmado ante escribano público. El interrogante es: Si las autoridades “dueñas” del destino del pueblo no cumplen con lo pactado, entonces… ¿quién lo hará?
Si 25 familias (300 lotes), sin uso del derecho a un trabajo digno y 15 más, excluidas del sector urbano, porque enfrentan la cruda realidad de no poder contar con una vivienda propia y deben “usurpar” galpones del ex ferrocarril para sentir el calor del hogar, entonces nos encontramos frente a un escenario caricaturesco que llamamos “sociedad”.
Aparentemente, para el municipio y sus fieles, las constantes manifestaciones, reclamos, movilizaciones y suplicas de la gente, son instrumentos diarios a la hora de gobernar. Las soluciones que se plantean desde la comuna, tal como puntualizó Fernández Pugliese, están en “dejar de asfaltar cuadras, para darle de comer a la gente”.
Considerando la existencia de un municipio paralelo, cuyas acciones de gobierno se realizan por diversas vías y el verdadero rol institucional que debería cumplir el jefe comunal, es perpetrado por ajenos a la comuna chileciteña, disminuir las escasas acciones propias de servicios públicos para otorgar alimento a la población, es una excusa más para delegar responsabilidades y distraerse del auténtico objetivo gubernamental. “El margen de pobreza es muy grande y la gente tiene muchas necesidades”, sostienen desde el gobierno, pero las herramientas para “paliar” esta situación, se ven reflejadas en las acciones de aquellos no-nombrados que a cambio de una mínima ganancia, realizan las labores y obligaciones propias de los nombrados. El que tiene trabajo cuasi seguro, no lo hace, pero la necesidad es más fuerte en aquellos que no cuentan con la fuente laboral estable.
Con una provincia que no envía los fondos al interior, y si lo hace, no alcanza. Con reiteradas manifestaciones y el pueblo sediento de promesas materializadas, la gestión de Lázaro Fonzalida se debate entre el cumplimento del dictamen del gobierno provincial, aceptando el paralelismo municipal, o la puesta en marcha de acciones comunales que finalmente redunden en beneficios para la comunidad toda. |
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