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Mujeres que hicieron historia

Nocenta Pisetta, mas de 100 años de arte

El 10 de Marzo de 2008, cumplirá 104 años de vida la escultora Nocenta Pisetta, y decimos “de vida”, porque a pesar que desde 1990 no está entre nosotros, permanece viva a través de sus obras. (Una historia que vale la pena ser leida).

Italiana de nacimiento, llega al país de una manera muy particular, pero para llegar a este punto primeramente se hace necesario mencionar la llegada del marido, Don Carlos Pisetta, 40 años antes. Como todo inmigrante italiano, este pionero de la vitivinicultura que luego se convertiría en uno de los más importantes bodegueros de nuestra Provincia, al llegar a los 65 años allá por 1930 queda viudo, y va en busca de una nueva esposa a su pueblo de origen, en Trento, Italia, y allí cautiva el corazón de esta joven de 25 años Nocenta.

Su humilde origen de campesina, pero a la vez su fuerte personalidad le hacen ver que tenía frente a ella una serie de cambios a los que era necesario adaptarse: las costumbres del lugar, la barrera del idioma, etc.
Rápidamente se propone, aun en este medio aislado en que le tocaba en suerte vivir, superarse culturalmente y en lo intelectual.

A partir de allí comienza a crecer día a día, lo que sería su biblioteca personal que luego alcanzaría una nutrida cantidad de volúmenes, lo que constituye posteriormente su particular modo de acceder al conocimiento, la cultura universal y el arte en especial.

Al contraer enlace con Don Carlos Pisetta, como flamante esposa, su mayor deseo era lógicamente la maternidad, y tras cinco largos años de espera e inconvenientes, pidiéndole a Dios reiteradamente, sus oraciones son respondidas con el nacimiento de su hijo Carlitos, en la tan especial noche de Navidad.
¿Cómo agradecer a Dios este valioso regalo?
Inmediatamente realiza una promesa: para cada Navidad prepararía un pesebre al niño Dios. Antiguas fotografías que llenan sus álbumes atestiguan el esmero que ponía año tras año en preparar esos pesebres que llegaron a alcanzar una fama trascendental allá por los años 37, 38, 39, 40, etc. Lógicamente y con el correr del tiempo, su vida va dejándose llevar por el normal proceso de cambios continuos, propios de quien evoluciona permanentemente, y su promesa original fue quedando en el olvido.

En el año 1967, y cuando Carlitos tenía ya 31 años, el gran dolor que le produce la muerte de este hijo tan querido, hace que su vida cobre un giro de proporciones gigantescas y es hoy la principal causa de que nos veamos poderosamente atraídos por su sorprendente personalidad.

Uno de los rasgos que más caracterizan su cautivante historia de vida, es la gran capacidad de sobreponerse a las circunstancias adversas, y podrían desanimar a cualquiera, sumiéndole en tristeza y hasta depresión. Luego del fallecimiento de su hijo Carlos, Nocenta hace un nuevo proyecto de vida, ya no sería más esposa, madre, ni tampoco abuela, por el alejamiento geográfico de sus nietos. Una nueva idea daba vueltas por su mente, algo nuevo daría motivo a su existencia, nuevos intereses, nuevas ilusiones y lo espiritual estaría de aquí en más por encima de lo material.

Es en ese momento, cuando se lanza a la magna tarea de construir un pesebre de proporciones gigantescas, buscando cumplir con creces la promesa realizada originalmente.
Pero… ¿Cómo comenzar?. Como testigos mudos de esos años difíciles en sus comienzos como escultora, quedan pajaritos, ovejitas, zapatitos de la suerte, que con dedicatoria personal hacía y regalaba a quienes apreciaba.

Tengamos en cuenta que para llegar al punto de modelar con sus manos en arcilla, todo lo que dictaba su mente creadora, le era necesario gestar su escuela propia, en la que carecía de un maestro y guía.
Ese fue el momento más difícil de su carrera, en el que tuvo que perfeccionar primeramente el dibujo, pasar luego por el modelado y posteriormente al fuego del horno a 600 grados de temperatura. El desconocimiento de la técnica de la cocción, le costó la pérdida de innumerables obras, que por su ruptura perdió para nunca más recuperarlas, obligándola de ese modo a modelar dos o tres veces la misma pieza, lo que le fue favorable en la práctica del modelado. Si esas piezas existieran hoy en día podrían llenar varios museos. Cada fracaso se convertía en un desafió para su genio creador.

Una anécdota que enriquece su fecundo historial, data del año 1969, más precisamente en Junio, mes en que la humanidad registra una de las fechas cumbres de su historia, por la llegada del hombre a la luna.Junio, mes en que la humanidad registra una de las fechas cumbres de su historia, por la llegada del hombre a la luna.
Nocenta decide enviar a los 3 astronautas, Collins, Aldrin y Armstrong, unos zapatitos hechos en arcilla y dedicados personalmente, con el deseo y la carta correspondiente de que estos les traerían suerte en esta tan difícil Expedición Lunar, la primera en la historia.
La pronta respuesta de los astronautas, a través de una carta con el membrete de la NASA y firmada por el comandante de la expedición, ARMSTRONG, no deja llenarnos de admiración y asombro, tanto por la inquebrantable fe de Nocenta, su audacia, y por el gesto de este comandante puesto de manifiesto, al responder esta misiva, en medio de tantos requerimientos por parte de la prensa mundial, y la agitación propia de tan importante lanzamiento.

Volviendo al tema del pesebre, había una necesidad imperiosa aun no resuelta, y era la siguiente: ¿en donde armaría ella una obra de tal magnitud como la que se proponía llevar a cabo?. Obviamente se hacía necesaria la construcción de un lugar adecuado que albergaría toda su obra, y de medidas lo suficientemente amplias como la que primeramente proyectó y luego construyo, que denominaron “El Templo del Niño”, donde hoy se exhibe su arte.

Una de las obras que mayor sombro nos produce al visitar este museo, es “La Ultima Cena”, en donde podemos disfrutar su amplio despliegue de talento y exquisitez, puesto en cada uno de los detalles de este magnífico grupo escultórico.
Con maestría inusitada y de rara belleza, podemos ver como Nocenta, a pesar de los escasos elementos con que contaba: un pedazo de cuchillo, un trozo de cuchara, un poco de arcilla traída de “Los Colorados” y mucha pasión por la obra que tenía entre manos, logra una obra única en su género; Jesús sosteniendo el Cáliz, impartiendo la bendición y rodeado de sus doce apóstoles, fielmente identificados, cada uno de ellos trasuntando su personalidad, crea un clima casi mágico que revive con mucho realismo, los últimos momentos de Jesús en una cena de despedida altamente significativa y de trascendencia espiritual.

Si pasáramos a describir detalladamente cada una de las obras firmadas, realizadas por ella, volcando su talento, muchas páginas no nos alcanzarían. Solo basta con recordar el antiguo proverbio: “Una imagen vale más que mil palabras”, para darnos cuenta de que cada visitante que llega a ese lugar, experimenta sensaciones muy personales y la energía que irradia cada una de sus obras, produce una extraña inquietud en cada espectador y curiosamente despierta en forma individual el deseo de volver.

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  • Publicado por José Luis Campillay (Diario Chilecito) el Friday 28 de December de 2007 a las 10:34 Hs.
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